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Un escándalo bochornoso y vergonzoso. Así califican en el propio aeropuerto de Zaragoza el episodio vivido el pasado 26 de agosto, cuando dos personas que iban a volar a Londres acabaron en Tenerife por una sucesión de errores de la que nadie quiere hacerse responsable. La compañía irlandesa de vuelos de bajo coste no solo les perdió de vista en el traslado desde la zona de embarque al avión, sino que además se saltó todo el protocolo de seguridad que le obliga a confirmar el recuento que se hace antes de entrar a la plataforma y despegó sin ellos a bordo.
 
Esas dos personas, también por error, acabaron subiéndose a un avión fletado por Iberworld para poner rumbo a la isla canaria minutos más tarde. Dos pasajeros más, eso sí, que no detectó esta compañía porque es evidente que tampoco hizo la pertinente confirmación del recuento.
 
Así es cómo dos personas que iban a pasar unos días en las islas británicas acabaron cambiando de planes, de ciudad, de isla, de archipiélago y hasta de latitud. Solo porque las compañías se olvidaron de cumplir con una labor de control a la que les obliga la estricta normativa que existe en materia de seguridad en todos los aeropuertos españoles.
 
Un incumplimiento que, por otra parte, Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena) tampoco advirtió hasta que esos viajeros llegaron a su destino y descubrieron que aquel aeropuerto que tenían ante sus ojos poco se parecían al londinense de Stansted, que aquella ciudad no era su destino.
 
La propia Aena confirmó ayer todos los detalles de este incidente e informó de que abrió inmediatamente una investigación, ese día. Fuentes del aeropuerto explicaron que se revisaron las cámaras de vigilancia, interrogaron al personal responsable de la seguridad y del handling, que en el caso de Zaragoza asumen las propias compañías (lo hacían la empresa Lesma para Ryanair e Iberia para Iberworld), así como de la zona de embarque en busca de una explicación.
 
Respuestas y culpables. Porque, aunque las fuentes oficiales prefieren no hablar de sanciones, las compañías se exponen ahora a una multa económica considerable. Reconocer que durante unos minutos dejaron libres por la plataforma de aviones a dos personas ajenas al personal es un incumplimiento grave del protocolo de seguridad.
 
Pero nada tiene que ver con las medidas que, según las fuentes oficiales de Aena, se adoptaron: "Se les ha enviado una queja formal a las dos compañías y se les ha pedido que no vuelva a ocurrir". Máxima severidad.
 
Falló todo ese día, ajetreado por la actividad en la pista debido al incendio próximo al Parque del Moncayo. Hasta tres personas debían advertirlo: el marshalling, que es quien acompaña al pasaje al avión; el dispacher y el número uno a bordo, que confirman el recuento.
 

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